Comenzamos el 2009 Quiero compartirles este Párrafo de la Carta encíclica de Benedicto XVI “ SPE SALVI”
“ ‘SPE SALVI facti sumus’ – en esperanza fuimos salvados, dice san Pablo a los Romanos y también a nosotros (Rm 8,24). Según la fe cristiana, la ‘redención’, la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.” (En www.aica.org , 16 de enero del 2009)
Podremos preguntarnos entonces si tenemos una meta y si esa meta es lo suficientemente trascendente como para que nuestro esfuerzo no caiga en vano.
Hoy las estructuras económicas y políticas nos agobian y que más decir de la crisis social que experimentamos cada día. Para muchos hablar de esto es frustrante, para otros quizás, agobiante y por que no decir también deprimente. Sin embargo no faltan los austeros que indagan y dedican parte de su tiempo a analizar, discernir , intuir la realidad, para luego proceder coherentemente con lo que han mentado.
Sin ponernos en detalles, vivimos tiempos difíciles, pero ¿cuándo no fue así?
Empezamos a transitar un año electoral en nuestro País. Nuevamente volveremos a “palpar” el poder al colocar nuestro voto en las urnas de octubre. Poder al que muchos aspiran. Es tiempo de discernir, preguntar y consultar sobre aquellos “aspirantes”. Es tiempo de preguntarnos que País queremos, que sociedad soñamos verz a futuro, que quiere Dios de nosotros.
Es palmario que la meta no son las elecciones de octubre, sino el proyecto de nuestras vidas, el proyecto de sociedad y País. Tampoco son las elecciones las motivadoras de esta reflexión, pues esta se encuentra insalvablemente dentro de nuestros proyectos de vida en Democracia. Por lo menos aquellos que aspiramos a este estilo de vida social y político.
Hay elecciones y debemos afinar nuestras reflexiones, que dicho sea de paso, no solo por este año, sino todos lo días de nuestras vidas. Reflexiones que deben llevarnos, a que desde nuestros lugares, podamos aportar y apostar concretamente por una democracia verdadera y justa.
El proyecto Guadix, no es ajeno a esta realidad si es que entra en nuestros proyectos y en el proyecto de País que queremos. No debe ser pensado aisladamente, sino en plena concordancia de lo que se vive y aspiramos a futuro con otros.
¿Pero cuál sería el aporte que como comunidad que conformamos en el “proyecto” podríamos brindar?
Parece, que la apuesta a la integridad y dignidad de la persona como su formación en la libertad, es el camino que más condice con la identidad del proyecto. Este buscar incesantemente la promoción del más desprotegido y desamparado, seguramente llevará a potenciar y materializar hombres y mujeres capaces de introducir cambios radicales y profundos en nuestra sociedad. Personas que ejerzan el derecho de ciudadano activo y no pasivo ante las dificultades que acechan en lo macro y micro de nuestro País. Seguramente que los andamiajes que se toman para realizar este proceso de formación, como el trabajo en redes, con otras instituciones y grupos humanos posibilitará dicho cometido. Sin dejar de lado los procesos que se generan entre los docentes y alumnos (niños y adultos) que son base y la “médula espinal” para democratización que deseamos conseguir.
Por otro lado, siguiendo el aporte de Benedicto XVI, los que participamos de este proyecto tenemos la gracias de Dios, de tener este granito de Esperanza de vida, que experimentamos y palpamos en el presente que vivimos, a través de cada niño, joven, madre y padre que nos abre la puerta en la Villa Barranca Yaco. Una Esperanza que no se da solo por los logros obtenidos, sino por la creencia, la Fe en sus potencialidades y dones, que Dios a dado a cada uno de los integrantes de la Villa.
“Guadix” es una meta a la que podemos seguir contribuyendo y construyendo con “esperanza”. La realidad de este año que toca la puerta, no debe desesperanzarnos, debe desafiarnos.
Es menester de nuestra tarea la concientización de esta realidad, no solo para los que van a la Villa a brindar ayuda, sino para cada persona que habita en ella.
Leyendo en la web, averiguando atrapado por la personalidad y obra de Pedro Pobeda, me siento impulsado a escribir estas líneas. Pues una de sus frases me gustó y se las comparto:
“Que vuestras educandas sean cultas, virtuosas, sanas de cuerpo y alma, pero como mujeres y no como hombres; con las modalidades propias de su sexo elevadas a la perfección, pero no confundiendo la perfección con el sexo”. (www.pedropoveda.org , el 18 de enero de 2009)
Como habrán deducido, “la mujer” es el cuadro que quiero pintar. Más precisamente realizar un esbozo sobre su integridad y su vocación de mujer, desde la experiencia del taller de cocina. Que tamaño desafío, sin dudas muchas cosas quedarán en el tintero. Pero como no iniciar, advenirme con mis pensamientos a una realidad que he mamado desde que tengo conciencia en mi hogar, y paulatinamente a lo largo de mi vida.
El grupo de mujeres con quien comparto el taller de cocina, sin proponérselo me han enseñado también sobre la realidad de la mujer. Y me han ofrecido una paleta de colores para iniciar mi cometido.
Miradas alegres y tristes llegan a nuestra cocina. En ella se cuece la vida. Llegan, saludan, se colocan sus delantales dispuestas a hornear un pedacito de su fatigosa y a veces cruenta vida. La cocina que minutos antes parecía oscura, tosca, se transforma y desborda. Solo caben sus voces, sus historias. La cocina, recobra vida.
El respeto, la tolerancia, la predisposición, la humildad surgen en ellas, para proporcionarnos una clase magistral de lo que es la responsabilidad. Base que toda persona debe tener si quiere aspirar a ser lo que debe y está llamado a ser. Hablo de la responsabilidad del “sí” a una propuesta, a un espacio que es brindado para encontrar aquella mujer, que es capaz de surgir de la escafandra de la miseria, del abuso, del sometimiento. Es el “sí”, a la medida de cada una, de María nuestra madre. Un “sí” que abre la puerta a un cambio. Un cambio que no desvanece, sino que cala en lo más profundo y se queda, para transformar todo lo que toca. Pero este “si” no es un “si” para quedarse enfrascadas en “la cocina”, lugar determinado que el hombre asignó a la mujer. Es un “sí” que, desde un espacio culinario, al cual soy “devoto”, abre una puerta de encuentro, como lo hacen otros espacios que desafían y promueven a la mujer.
La fortaleza es una virtud que al hombre que quiere sobrevivir, y crecer le es vital. Sus historias, su día a día, trasparenta con una naturalidad inigualable esta virtud. Está unida a su ternura, delicadeza y mesura. Conforman un “coctel” eficaz y esperanzador, que ilumina y sostiene las más duras realidades. Seguramente que las habilidades y talentos que descubren al realizar esta actividad iluminan y vislumbran la capacidad de perfeccionar y mejorar, no solo un plato de comida, sino también cualquier otro aspecto de la vida.
La socialización que se cuece en cada plato que se realiza, va abriendo un mundo de posibilidades que se fortalecen con lo propio y peculiar de cada una de ellas. La maternidad es un rasgo que, en su ejercicio poda de una forma peculiar la personalidad de cada una de ellas. Su visión y acción en el mundo se profundiza y agudiza un sentido más plural y social. Su “ser Mujer” ahora lo teje con otros, ayudando a que estos otros también se realicen. Su entrega es total.
Pero la pregunta es si el mundo ha hecho y hace abuso de esta entrega.
Seguramente a este cuadro le faltan muchas pinceladas y sin duda será pintado siempre con mayor riqueza y delicadeza por una mujer. Sin embargo no desistiré en mi propósito. Por ahora les esbozo este último párrafo.
La mujer tuvo y tiene un gran desafío, y es ser lo que Dios le ha encomendado ser. Y solo ella puede, desde su “ser mujer”, mostrarnos y luchar para que ninguna fuerza humana impida su realización.
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Comenzamos el 2009
Quiero compartirles este Párrafo de la Carta encíclica de Benedicto XVI “ SPE SALVI”
“ ‘SPE SALVI facti sumus’ – en esperanza fuimos salvados, dice san Pablo a los Romanos y también a nosotros (Rm 8,24). Según la fe cristiana, la ‘redención’, la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.” (En www.aica.org , 16 de enero del 2009)
Podremos preguntarnos entonces si tenemos una meta y si esa meta es lo suficientemente trascendente como para que nuestro esfuerzo no caiga en vano.
Hoy las estructuras económicas y políticas nos agobian y que más decir de la crisis social que experimentamos cada día. Para muchos hablar de esto es frustrante, para otros quizás, agobiante y por que no decir también deprimente. Sin embargo no faltan los austeros que indagan y dedican parte de su tiempo a analizar, discernir , intuir la realidad, para luego proceder coherentemente con lo que han mentado.
Sin ponernos en detalles, vivimos tiempos difíciles, pero ¿cuándo no fue así?
Empezamos a transitar un año electoral en nuestro País. Nuevamente volveremos a “palpar” el poder al colocar nuestro voto en las urnas de octubre. Poder al que muchos aspiran. Es tiempo de discernir, preguntar y consultar sobre aquellos “aspirantes”. Es tiempo de preguntarnos que País queremos, que sociedad soñamos verz a futuro, que quiere Dios de nosotros.
Es palmario que la meta no son las elecciones de octubre, sino el proyecto de nuestras vidas, el proyecto de sociedad y País. Tampoco son las elecciones las motivadoras de esta reflexión, pues esta se encuentra insalvablemente dentro de nuestros proyectos de vida en Democracia. Por lo menos aquellos que aspiramos a este estilo de vida social y político.
Hay elecciones y debemos afinar nuestras reflexiones, que dicho sea de paso, no solo por este año, sino todos lo días de nuestras vidas. Reflexiones que deben llevarnos, a que desde nuestros lugares, podamos aportar y apostar concretamente por una democracia verdadera y justa.
El proyecto Guadix, no es ajeno a esta realidad si es que entra en nuestros proyectos y en el proyecto de País que queremos. No debe ser pensado aisladamente, sino en plena concordancia de lo que se vive y aspiramos a futuro con otros.
¿Pero cuál sería el aporte que como comunidad que conformamos en el “proyecto” podríamos brindar?
Parece, que la apuesta a la integridad y dignidad de la persona como su formación en la libertad, es el camino que más condice con la identidad del proyecto. Este buscar incesantemente la promoción del más desprotegido y desamparado, seguramente llevará a potenciar y materializar hombres y mujeres capaces de introducir cambios radicales y profundos en nuestra sociedad. Personas que ejerzan el derecho de ciudadano activo y no pasivo ante las dificultades que acechan en lo macro y micro de nuestro País. Seguramente que los andamiajes que se toman para realizar este proceso de formación, como el trabajo en redes, con otras instituciones y grupos humanos posibilitará dicho cometido. Sin dejar de lado los procesos que se generan entre los docentes y alumnos (niños y adultos) que son base y la “médula espinal” para democratización que deseamos conseguir.
Por otro lado, siguiendo el aporte de Benedicto XVI, los que participamos de este proyecto tenemos la gracias de Dios, de tener este granito de Esperanza de vida, que experimentamos y palpamos en el presente que vivimos, a través de cada niño, joven, madre y padre que nos abre la puerta en la Villa Barranca Yaco. Una Esperanza que no se da solo por los logros obtenidos, sino por la creencia, la Fe en sus potencialidades y dones, que Dios a dado a cada uno de los integrantes de la Villa.
“Guadix” es una meta a la que podemos seguir contribuyendo y construyendo con “esperanza”. La realidad de este año que toca la puerta, no debe desesperanzarnos, debe desafiarnos.
Es menester de nuestra tarea la concientización de esta realidad, no solo para los que van a la Villa a brindar ayuda, sino para cada persona que habita en ella.
José Gustavo Rizza (Docente del proyecto Guadix)
Pinceladas desde la cocina
Leyendo en la web, averiguando atrapado por la personalidad y obra de Pedro Pobeda, me siento impulsado a escribir estas líneas. Pues una de sus frases me gustó y se las comparto:
“Que vuestras educandas sean cultas, virtuosas, sanas de cuerpo y alma, pero como
mujeres y no como hombres; con las modalidades propias de su sexo elevadas a la
perfección, pero no confundiendo la perfección con el sexo”. (www.pedropoveda.org , el 18 de enero de 2009)
Como habrán deducido, “la mujer” es el cuadro que quiero pintar. Más precisamente realizar un esbozo sobre su integridad y su vocación de mujer, desde la experiencia del taller de cocina. Que tamaño desafío, sin dudas muchas cosas quedarán en el tintero.
Pero como no iniciar, advenirme con mis pensamientos a una realidad que he mamado desde que tengo conciencia en mi hogar, y paulatinamente a lo largo de mi vida.
El grupo de mujeres con quien comparto el taller de cocina, sin proponérselo me han enseñado también sobre la realidad de la mujer. Y me han ofrecido una paleta de colores para iniciar mi cometido.
Miradas alegres y tristes llegan a nuestra cocina. En ella se cuece la vida. Llegan, saludan, se colocan sus delantales dispuestas a hornear un pedacito de su fatigosa y a veces cruenta vida. La cocina que minutos antes parecía oscura, tosca, se transforma y desborda. Solo caben sus voces, sus historias. La cocina, recobra vida.
El respeto, la tolerancia, la predisposición, la humildad surgen en ellas, para proporcionarnos una clase magistral de lo que es la responsabilidad. Base que toda persona debe tener si quiere aspirar a ser lo que debe y está llamado a ser.
Hablo de la responsabilidad del “sí” a una propuesta, a un espacio que es brindado para encontrar aquella mujer, que es capaz de surgir de la escafandra de la miseria, del abuso, del sometimiento. Es el “sí”, a la medida de cada una, de María nuestra madre. Un “sí” que abre la puerta a un cambio. Un cambio que no desvanece, sino que cala en lo más profundo y se queda, para transformar todo lo que toca.
Pero este “si” no es un “si” para quedarse enfrascadas en “la cocina”, lugar determinado que el hombre asignó a la mujer. Es un “sí” que, desde un espacio culinario, al cual soy “devoto”, abre una puerta de encuentro, como lo hacen otros espacios que desafían y promueven a la mujer.
La fortaleza es una virtud que al hombre que quiere sobrevivir, y crecer le es vital. Sus historias, su día a día, trasparenta con una naturalidad inigualable esta virtud. Está unida a su ternura, delicadeza y mesura. Conforman un “coctel” eficaz y esperanzador, que ilumina y sostiene las más duras realidades.
Seguramente que las habilidades y talentos que descubren al realizar esta actividad iluminan y vislumbran la capacidad de perfeccionar y mejorar, no solo un plato de comida, sino también cualquier otro aspecto de la vida.
La socialización que se cuece en cada plato que se realiza, va abriendo un mundo de posibilidades que se fortalecen con lo propio y peculiar de cada una de ellas.
La maternidad es un rasgo que, en su ejercicio poda de una forma peculiar la personalidad de cada una de ellas. Su visión y acción en el mundo se profundiza y agudiza un sentido más plural y social. Su “ser Mujer” ahora lo teje con otros, ayudando a que estos otros también se realicen. Su entrega es total.
Pero la pregunta es si el mundo ha hecho y hace abuso de esta entrega.
Seguramente a este cuadro le faltan muchas pinceladas y sin duda será pintado siempre con mayor riqueza y delicadeza por una mujer. Sin embargo no desistiré en mi propósito. Por ahora les esbozo este último párrafo.
La mujer tuvo y tiene un gran desafío, y es ser lo que Dios le ha encomendado ser. Y solo ella puede, desde su “ser mujer”, mostrarnos y luchar para que ninguna fuerza humana impida su realización.
José Gustavo Rizza (Docente del proyecto Guadix)
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